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La gracia frívola y frágil de la gran actriz Gloria Guzmán

Armando de Maria y Campos

     La deliciosa comedia húngara Sexteto -en su traducción argentina: Mi amor es un león-, de Ladislao Fodor, nos ha revelado todo lo que significa para el teatro contemporáneo Gloria Guzmán, sin discusión una de las mejores actrices de esta época... a condición de que tenga obra para demostrarlo. Gloria Guzmán, española de nacimiento -nació en Vitoria-, es una extraordinaria actriz en cualquier parte y para cualquier público. Ha tocado a la Argentina la satisfacción de contarla entre las mejores intérpretes del teatro contemporáneo; pero Gloria Guzmán no pertenece al teatro porteño sino en el peculiar modo de hablar de aquellos americanos del sur. Si actuara en francés, como si lo hiciera en alemán, inglés o ruso, Gloria Guzmán seguiría siendo lo que es: un exquisito temperamento, una voluntad flexible, un singular talento escénico, una gracia viva y ondulante, ¡una gran cómica!
     De la revista, desde los más insignificantes puestos de este frívolo género lírico, se elevó Gloria hasta el eminente sitio en que se halla como singular, atractiva, subyugadora actriz fina, dueña de recursos flexibles, sólidos y transparentes -porque no hay trucos en ellos- que se adquieren usando de la larga paciencia indispensable para dominar un arte que se siente y se vive, cuando se cuenta con condiciones innatas para ello. Gloria Guzmán nació para el teatro, transitó por caminos distintos, y al fin halló el suyo, el de actriz frívola, cómica en la más añeja expresión del vocablo, porque su arte tiene sus raíces bien trabadas en un pasado en el que se entrelazan la vocación, el temperamento, la afición, el talento y el estudio.
     Hay que verla moverse, oírla hablar, sentirla vivir en esa nadería deliciosa que es Sexteto, de Fodor, el más ágil, con Molnar, su antecesor, de los modernos autores húngaros herederos, después de la primera conflagración mundial, del sprit, de la malicia escénica y de la frivolidad que los franceses retuvieron hasta antes de la guerra del 14, para gozar de la difícil facilidad de Gloria Guzmán haciendo ese género de teatro que es tan bello y tan natural como una sonrisa, como un guiño, como un ademán que es rúbrica graciosa en el aire, que promte todo y no concede nada...
    Gloria Guzmán nació para la comedia frívola en 1941. Antes había hecho revista, opereta o comedia musical, indispensables antecedentes para llegar a un género tan difícil por su aparente facilidad como el de hacer sonreír, hablando con intención, moviéndose con naturalidad y vistiendo con gracia y distinción. A su lado trabajaron actores y actrices argentinos de la categoría de Matilde Rivera, Amelia Bence, Nicolás Fregues, Arturo García Bhur, Pico Cuartucci, Enrique Serrano, Esteban Serrador. Y desde que recorre América de sur a norte, la acompañan Alita Román fina, frágil y rubia como un lirio; Juan Carlos Thorry, Lalo Malcolm. Estando en Montevideo, el año 1945, le llevaron la traducción argentina de Sexteto y la estrenó enseguida. El éxito que la Guzmán alcanzó en el teatro Artigas de la capital uruguaya decidió a la actriz argentina Tita Merello a representar esa obra en un teatro de Buenos Aires. Los públicos aficionados de Montevideo y de la capital del Plata coincidieron en gustar la obra de Fodor como una de las piezas frívolas más entretenidas, de antes de la gran guerra última, que ha producido el fino ingenio, con hondas raíces en la opereta vienesa y en el vaudeville francés, de los húngaros. El estreno en México de Sexteto ha valido preferentemente porque exhibe las finas calidades de gran cómica que posee la exquisita, inteligente comedianta Gloria Guzmán

    Qué noble sentido de espectáculo grato tiene el teatro cuando se atina a la obra la actriz que parece estar destinada para interpretarla. Esta comedia de Fodor, cuya acción ocurre o puede ocurrir en cualquier parte, es amable e irónico comentario a un matrimonio como hay tantos en cualquier parte del globo. Como definía que debía serlo un personaje de El vergonzoso en palacio, de Tirso de Molina, allá por 1621:

     ...la comedia...
     de la vida es un traslado
     sustento de los discretos.

     Dama del entendimiento,
     de los sentidos banquete,
     de los gustos ramillete,
     esfera del pensamiento.

     Olvido de los agravios,
     manjar de diversos precios,
     que mata de hambre a los necios,
     y satisface a los sabios.

     ¡Qué no hubiera hecho decir a su personaje fray Gabriel de Téllez de haber visto con los ojos de su cara la gracia frívola y frágil de Gloria Guzmán!