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Se alza el telón

Malkah Rabell

Reposición de Contradanza

Me doy cuenta cada vez más que las representaciones teatrales hay que verlas por lo menos dos veces. La primera vez se ven las generalidades, y la segunda se dedica a los detalles. Volví a presenciar Contradanza del autor español Francisco Ors, que se reestrenó en el teatro Jorge Negrete bajo la producción de los Hermanos Ávila, y con la misma puesta en escena de Xavier Rojas, como en el Polyforum Siqueiros donde se estrenó. Desde luego, el recuerdo del estreno en el Polyforum no dejaba de influenciar las nuevas sensaciones. En el Jorge Negrete, la pobreza del ambiente, lo desagradable de la sala y del escenario, la tremenda modestia de la producción, no permitía creer que nos hallábamos ante la corte inglesa de la reina Isabel I Dicen que en China y en el Japón, el público posee tanta imaginación que cree en todas la fantasías qe inventa el autor.

Lamentablemente, semejante riqueza imaginativa no es la nuestra. El realismo y el naturalismo echaron bastante a perder nuestras posibles inventivas. Y no podemos dejar de interrogarnos si Isabel de Inglaterra, la gran Isabel I, no poseía más que un sólo vestido, ya bastante usado, para presentarse ante los invitados de la Corte durante dos actos que representaban dos tiempos diferentes. También nos preguntamos si Isabel de Inglaterra sólo invitaba a ctro personas a sus fiestas. En fin tendremos que pensar que también en las islas Británicas en aquellos tiempos lejanos se hacía economías. Sobre todo no debemos olvidar que Isabel I resultaba bastante ahorrativa, lo que encantaba a sus subditos burgueses.

El problema de la obra es muy interesante. Muchas veces y bajo plumas diversas, ha surgido la pregunta: ¿por qué la reina de Inglaterra ha permanecido soltera y vírgen? Francisco Ors le ha encontrado una solución a la interrogante: la reina era un rey; Isabel I era un hombre. ¿Por qué sucedió tal hecho, por qué Ana de Bolena tuvo que imponer a su recién nacido el sexo femenino? No tiene mayor importancia para el despliegue del drama, aunque el autor lo explica por boca del protagonista, de una manera bastante convincente y lógica. Más, lo grave del suceso para Francisco Ors es el problema al cual de lugar. En una época histórica cuando en su país el homosexualismo estaba castigado con la pena de muerte, la supuesta reina no sólo era hombre, sino homsexual. Y para el dramaturgo español lo importante es la libertad individual de vivir su vida según sus personales conceptos y necesidades. El autor más bien se preocupa por las razones que tal problema tiene en nuestra propia sociedad, en nuestra propia época. O como dice Ors: "Estimo que Contradanza es una obra eminentemente actual... En el contexto de una Sociedad con la posiblidad actual, donde sus cobren sentido y su acusaciones inapelabilidad"

En cuanto a la puesta en escena, de esta reposición, nos ofrece las mismas virtudes y las mismas fallas que en la primera versión en el Polyforum Siqueiros, ya que la mayoría de los papeles lo representa igual reparto, tan sólo un personaje ha sido reemplazado. Actualmente en el papel de. Lord Enrique, con quien la reina decide contraer nupcias, lo interpreta Juan Felipe Preciado en lugar de Roberto Ballesteros, y el nuevo intérprete es mucho más apropiado para la personalidad de este hombre capaz de recurrir a cualquier chantaje para ocupar al lado dé la reina la posición de auténtico rey. Es mucho más masculino. También Margarita Isabel en el papel de Lady Carolina es excelente. En cuanto a Claudio Obregón dos premios que obtuvo por la misma interpretación de Isabel I de sendas asociaciones de críticos, da fe de la brillantez que pusó en juego para su actuación. Lo que también llama la atención es que no trató de escamotear su rostro tras un maquillaje femenino. Puso toda su fuerza de actor en la interpretación de esa doble personalidad, en lugar de medios exteriores. Lo único que no puedo comprender, ni admitir son esas salutaciones y reverencias absurdas que empleo al final, cuando después de saludar a los demás actores salieron del escenario y Claudio Obregón quedó solo.