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Se alza el telón. Malkah Rabell

El pozo de la soledad

No sé muy bien por donde empezar, ni tampoco estoy segura de las impresiones que esta adaptación de una novela de Radclyffe Hall me causa. Pero de lo que si estoy segura es de las lagunas que deja el espectáculo. ¿Radclyffe es un hombre o una mujer? ¿Quién adaptó la novela al teatro? ¿En qué época transcurre la acción? El estallido de la guerra que se anuncia en el segundo acto es comunicado por uno de los personajes como la "Segunda Guerra Mundial". Algo absolutamente imposible. Marcel Proust, uno de los protagonistas de este Pozo de la soledad, durante la segunda guerra ya estaba desde hace mucho muerto. Falleció en 1922. La confusión de épocas se debe sobre todo al vestuario, el cual a veces parece del principio del siglo, y otras veces se antoja actual. La época debe por lo menos estar anotada en el programa de mano. Y no lo está. La representación es tan terriblemente confusa que en el mismo acto la acción parece cambiar varias veces de tiempo y hasta de lugar. Tampoco logramos definir el género de la obra: ¿comedia musical o melodrama? Hay bailes que no vienen al caso, sobre todo al final. En fin, imaginemos que se trata de un melodrama, situado en la Inglaterra de los albores del siglo y escrito por un hombre.

El terna de la libertad sexual entre personas del mismo sexo, ha llegado a ser fastidioso de tanto repertirse actualmente en uno y otro teatro, en uno y otro concurso. Como si en realidad no existiera otra causa de lucha que defender. En el presente caso se trata de la hija de un Lord, que se equivoca de sexo y hasta tiene un nombre masculino, Stephen. Además es cinta negra de los karatekas. Me pregunto si éstos ya estaban de moda en la Europa de aquella época. Tal vez los aristócratas se hallaban al tanto de su existencia antes que la gente de clases más modestas. Stephen es una lesbiana que ha de luchar contra los prejuicios de su ambiente y sobre todo contra los de su madre. Su único aliado, su padre, Sir Philip, muere, y la deja debatiéndose en ese "pozo de la soledad" donde siempre se encuentran los precursores, los que nacen a destiempo. Con semejante tema se pudo hacer un drama de mucha fuerza emotiva. Mas, no es posible exigir demasiado en un teatro como el Fru-Frú, cuyo público es muy especial, y va a ver a su ídolo Irma Serrano, por razones muy peculiares.

Bajo la dirección de Nancy Cárdenas y de Irma Serrano no deja de existir cierto caos en el escenario. Afortunadamente, algunos actores han logrado salvar su parte, más por su propia capacidad que por la fuerza de la dirección. Sonia Infante, en el papel de Stephen, nos ofrece una figura muy interesante, muy adecuado al papel. Mas, sería muy triste que terminara por ser la Doña Bárbara clásica de nuestro cine y teatro. Patricio Castillo, en dos papeles diferentes, el de Sir Philip, y el de un homosexual parisino, Broket, hace todo lo posible por crear dos caracteres distintos, lo que nada fácil es cuando no se puede usar ni maquillaje ni vestuarios diversos. En el teatro actual, las divergencias de tipos residen sobre todo en la actuación. También Graciela Nájera es la excelente actriz de siempre. En cuanto a Irma Serrano cuando interpreta el personaje de Ángela, una mujer que busca el amor en las de su propio sexo, un poco por diversión y otro poco por esnobismo, llegamos a enterarnos que las lesbianas hacen el amor con el sombrero puesto. Por fortuna, en su segunda interpretación, la de la "Bella Otero", una bailarina cortesana española muy famosa en su tiempo, logra crear un tipo muy sugestivo.

El resto del reparto, en la cual cada actor hacía diversos papeles, no llamaba mayormente la atención.

La escenografía de Humberto Figueroa, más bien era un decorado, y resultaba bastante lujosa. Más lujosa que elegante. Lástima que el vestuario rara vez se salvaba, y muchas veces resultaba desesperadamente feo.