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Estreno de El cocotero, de Jean Guitton, en El Caracol

Armando de Maria y Campos

    La empresa de Antonio Arce que desde hace algún tiempo vienen manejando el que fuera nuestro primer teatro de bolsillo y de experimentación, El Caracol, se ha echado por la calle de un medio de las piezas francamente cómicas y blancas además. Cuenta, como base, con un actor hecho de todo a todo en El Caracol, Francisco Muller, de gran vis cómica. El resto siempre se encuentra a mano, porque el teatro de género cómico tiene en México mucho ambiente. La nueva obra, francamente cómica, de tipo farse -o astrakán, en español- es la de Jean Guitton, titulada en francés Le cocotier, y en castellano, naturalmente, El cocotero.
     Durante el primer intermedio de la representación de estreno -jueves 22, un espectador de esos que no faltan y buscan la opinión de algún c'ritico profesional, se me acercó para preguntarme:
     -Esta pieza, debe ser muy vieja, ¿verdad?
     -No; no lo es -le repuse. Y el espectador de      buena fe se marchó bien desconcertado.
     El y yo tenemos la razón. El cocotero parece una pieza vieja, antigua, como tal vez quiso decir el espectador curioso, por la técnica y los recursos que emplea el autor, que si lo son. pero no lo es por que tenga mucho años de vida en los escenarios, porque apenas data de tres años y medio. Se estrenó en París en el teatro del Gimnasio, el 17 de febrero de 1953. Pero su autor es un veterano en las lides autorales. A esto se debe su pátina de recursos fáciles para hacer reir a como dé lugar.
     Jean Guitton es uno de los autores más representados en Francia y, tal vez, en Europa, que, como pocos, ha escrito tanto, ha divertido y se ha divertido escribiendo y comprobando como los públicos se divierten con sus producciones; dueño del sprit francés inconfundible, y siempre picante y siempre renovado hasta donde es posible en este género. Debutó como autor en 1920 con una opereta, CloClo, que fue representada 100 veces en El Dorado parisiense y más de 1,000 en todo el mundo. Buen principio, como veis. Ha intentado todos los géneros y en la actualidad se nómina se enriquece con 70 títulos. Sabe apasionar con la pieza policiaca, como Jim la Houlette, o conmover como en Tengo miedo, amor mío, o en La mujer sin cabeza. Recuerdo de él estas obras. Del género de vaudeville: Un señor al

que se extraña, No debió aplastarme, 500,000,000 en una cama, Irma, 3o. Izquierda, y Un amor loco. Comedias como Han encontrado una mujer desnuda, Una mujer bajo la lluvia, La señorita Antonieta; piezas policiacas como La noche del 3, Crápula y Cía., La muerte regresa inmediatamente, y La amaba demasiado y, en fin, piezas de sátira alegre, como Durand, Francés típico; Que señores estos y La casa patas arriba. También ha escrito revistas y guiones cinematográficos como Rotchild, y La noche de los deportes, en los que intervinieron Raimú y Fernandel. Escribió un drama cuyo título escapa a mi memoria, que le estrenó Lys Gauty. Jean Guitton es un auto que no ha dejado de ser actual en el teatro francés.
     El protagonista de El cocotero fue Raymond Souplex, que fue en su juventud uno de los mejores chansonniers franceses; desde el año 1948 empezó como actor de carácter con la pieza satírica de Guitton, La casa patas arriba. José de J. Aceves, que dirigió la versión para México, de Eleazar Canele, supo dar con los actores cómicos a la medida para lograr una actuación regocijada y facilona. Este es el reparto en París y en México:

 

En Paris

En México

Leon Perrochon

J. Henri Chambois

Roberto Corell

Christian Perrochon

Clement Thierry

Leopoldo Ortín

María (criada)

Gabriella Romy

Lupe Téllez

Graciela Perrochon

M. Tassencourt

Dalia Íñiguez

Angela Perrochon

J. Fusier-Gir

Diana Ochoa

Susana Paraplin

Jaqueline Corot

Ester Luquín

Bompart

Charles Deschamps

Antonio Brillas

Aquiles Perrochon

Raymond Souplex

Francisco Muller

    El gran actor nuestro, Muller, se llevó de calle la interpretación. Creó un tipo y supo sostenerlo a lo largo de la regocijada trama -que se parece mucho a El amor tiene su aquel, del español Carlos Llopis, y no aludo a ella para no restarle interés al público que acuda a conocer la pieza

 

de Guitton-. Roberto Corell actuó empeñoso, con técnica anticuada. Nos recordó -guardando las proporciones- a Rafael López Somoza. El joven Leopoldo Ortín, se copió a sí mismo, siendo ya una copia de su finado padre. Tiene vis cómica, pero debe contenerse. Para ser actor cómico no es forzoso hacer reír con cada frase, con cada además o con cada gesto. ¿Entendido? Dalia Íniguez, y sobre todo Diana Ochoa, compusieron sus tipos como caricaturas. La revelación para el público de ahora fue el actor Antonio Brillas, muy medido y cuerdo en el difícil tipo que creó, el único de vida real en la versión mexicana de la farsa de Guitton. Antonio Brillas es un actor de profesión que vivió en Puebla retirado del teatro durante largos años. Ahora retorna, maduro y ponderado. La escenografía de Julio Prieto muy discreta y muy ágil y traviesa la dirección de Aceves.