Semblanza de Armando de Maria y Campos

Salvador Novo

 

Armando de Maria y Campos es un erudito y apasionado historiador y cronista de teatro.

          Sus crónicas y ensayos se caracterizan por el conocimiento de la materia y la amenidad de la narración, ágilmente mezclados.

          La especialidad que ha hecho suya Armando de Maria y Campos, la historia del teatro en México le ha llevado a hojear, a hurgar, a explorar colecciones de periódicos viejos. El periodista de muchos temas que Armando fue en su mocedad aprendió en ella a buscar la historia allí donde la vida se refleja y palpita, que es en los periódicos. Así ha podido reconstruir el ambiente teatral, artístico literario de la Colonia o del siglo XIX. Así ha rastreado el documento, el programa, la fotografía, o la litografía, el manuscrito y el libreto, con olfato de periodista, con ardor de erudito, con tenacidad y devoción de historiador.

          Tarea es ésta de puro y desinteresado servicio, ajena literariamente, a la creación personal, que Armando ha pospuesto a pesar de que ha escrito versos y comedias, para entregarse a la difusión y el realce de los valores de los demás.

          Cuanto a don Enrique de Olavarría y Ferrari debe la historia de teatro en México en el pasado, se lo deberá, y mucho más, a Armando de Maria y Campos un presente, un siglo XX, bastante más complejo y difícil de registrar. El puntualísimo cronista que es Armando no se deja función por ver, teatro por visitar, fecha sin recordar. Y a propósito de todo acaecimiento teatral contemporáneo, en vez de ofrecer una escueta impresión personal, le nutre de todo antecedente posible, traza su historia, sus orígenes y circunstancias, revela el currículum del autor, de la obra en turno y deja al potencial espectador a quien incita en cada lector suyo, en informadísima aptitud de gozar mejor del espectáculo a que le convida.

          El artista que Armando de Maria y Campos ha subordinado en sí mismo al servicio del historiador, suele emanciparse del yugo, traicionarlo, y llevar su mano a recrearse en el trazo emotivo de toda una época de México que de ella sale, ya no como una crónica puntual y desapasionada: sino como un autorretrato dotado de vida propia.